Antiguamente, la fermentación se hacía en grandes recipientes de madera. Hoy día el proceso se lleva a cabo en tinas de acero inoxidable, donde se vierten las mieles y se agregan aguas, levaduras y nutrientes.

 

El mosto vivo en plena fermentación es efervescente, y su movimiento cesa cuando las levaduras terminan de convertir el azúcar en alcohol y otros productos. En ese momento se acostumbra decir que “el mosto está muerto”.

 

Una vez que ha concluido el proceso normal de fermentación y el mosto ha alcanzado una gradación alcohólica de entre cinco y siete por ciento, éste tiene que reposar unas horas para ser transportado, por medio de tuberías, a los alambiques de destilación.

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